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Bani y la pintora de sombras — Ilustración inicial

Historia 27 · Luz y sombra 5+

Bani y la pintora de sombras

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El Teatro de Sombras preparaba la función Cómo la pequeña barca encontró la gran luna. Las figuras estaban detrás de la pantalla blanca, el público empezaba a llegar, pero en la tela no aparecía nada. Ni barca, ni luna, ni siquiera la famosa cola del dragón. Murciélaga Artista volaba boca abajo bajo el techo gritando: «¡Las sombras están en huelga!» Bani miró detrás de la pantalla. Todas las figuras estaban en su sitio, pero el farol iluminaba la pared lateral, donde la sombra de una tetera enorme parecía muy satisfecha consigo misma. «Creo que las sombras no están en huelga. Solo actúan en el escenario equivocado».

Bani y la pintora de sombras — Ilustración 2

Murciélaga puso el farol detrás de la barca y la pantalla delante. Apareció una silueta nítida. «Tres participantes: luz, objeto y superficie». Bani tapó el farol con la pata: desapareció la barca. La apartó: volvió. Cambió el cartón por plástico transparente y la sombra casi se esfumó. «Entonces importa por dónde puede pasar la luz». Murciélaga le entregó una caja de materiales y lo nombró Ayudante Principal del Enredo de Sombras, porque, según ella, «artista de sombras» sonaba demasiado normal.

Bani y la pintora de sombras — Ilustración 3

Bani acercó la barca al farol y en la pantalla creció como un barco gigante. La acercó a la tela y se hizo pequeña y definida. Probó con la figura de Murciélaga y apareció un monstruo alado enorme. La Murciélaga real lo miró y dijo: «Por fin un retrato a la escala adecuada». Bani marcó posiciones con tiza en el suelo. Descubrieron que el tamaño de la sombra cambiaba con la distancia, no con el humor de la figura. Eso les permitió hacer una luna enorme y una barca pequeña sin cortar decorados nuevos.

Bani y la pintora de sombras — Ilustración 4

En la caja había plástico transparente, tela fina y cartón grueso. El plástico casi no dejaba sombra, la tela hacía una mancha gris suave y el cartón una silueta oscura. Bani puso tela sobre cartón y creó niebla sobre el mar. Murciélaga añadió papel azul translúcido y el farol convirtió la pantalla en cielo de tarde. «¿Podemos pintar sin pintura, cambiando cuánto deja pasar la luz?» «Y decidiendo dónde colocamos cada cosa», respondió Murciélaga. El ensayo se parecía cada vez menos a una reparación y más a inventar una obra nueva.

Bani y la pintora de sombras — Ilustración 5

Entonces un ayudante encendió un segundo farol. Aparecieron dos barcas, dos lunas y un dragón con cuatro colas. Los actores entraron en pánico: parecía que la obra se había vuelto el doble de larga. Bani apagó una luz y las sombras extra desaparecieron. Después encendió ambas y las tapó una por una para descubrir de dónde venía cada silueta. En vez de eliminar el segundo farol, Murciélaga lo movió a un lado y usó la doble sombra en la tormenta. La barca parecía balancearse entre olas. «El problema se ha convertido en efecto especial». «Al teatro le encanta hacer eso».

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Justo antes de empezar, una nube tapó la luz de la luna que entraba por la ventana. Bani notó el cambio sin asustarse. Ya sabían que el farol del escenario podía trabajar solo. Lo ajustó, comprobó las siluetas y levantaron el telón. Una barca pequeña cruzó la pantalla, una ola enorme se levantó y apareció la luna redonda. Los niños se sorprendían en los momentos exactos y uno intentó atrapar una sombra con las manos. Bani miraba desde detrás y sentía que veía dos obras a la vez: magia delante y luz, cartón y distancias precisas detrás.

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Para el final faltaban unas puertas por las que los personajes debían regresar a casa. Bani se puso frente al farol, levantó las patas y giró la cabeza. Sus grandes orejas se convirtieron en dos torres con un arco en medio. El público estalló en risas y aplausos. Por las «Puertas de Bani» pasaron la barca, el dragón y hasta la luna, aunque tuvo que hacerse más pequeña. Bani se quedó muy quieto para que las torres no temblaran. Descubrió que una sombra puede contar una historia sin una sola palabra si eliges bien la forma y la luz.

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Después de la función, Murciélaga regaló a Bani un pequeño marco con papel blanco. «Teatro casero de una sola lámpara». Esa noche Bani volvió a probarlo: lámpara, objeto, pared; cerca de la luz, sombra grande; cerca de la pared, más pequeña y definida. Hizo un conejo con los dedos, una torre con una cuchara y una vela bastante convincente con una oreja. Antes de dormir apagó la lámpara y todas las sombras desaparecieron. Antes le habría parecido misterioso. Ahora sonrió. Las sombras no se habían ido: sin luz, simplemente no tenían con qué dibujar.