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Bani y el tren de los patrones — Ilustración inicial

Historia 24 · Patrones 5+

Bani y el tren de los patrones

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En la Estación de los Patrones un tren se negaba a salir. El primer vagón era rojo, el segundo azul, el tercero rojo y el cuarto hueco estaba vacío. El panel parpadeaba: rojo-azul-rojo-?. «Verde», propuso Bani. «Es bonito». El revisor Grulla inclinó el pico. «Bonito es una buena razón para elegir bufanda, no para completar un horario». Bani miró otra vez y colocó un vagón azul. El panel hizo din-din y la locomotora soltó una nube de vapor con forma de visto bueno. «Creo que este tren quiere que encontremos la regla, no el color que más nos gusta», dijo Bani.

Bani y el tren de los patrones — Ilustración 2

En el siguiente vagón había tarjetas: triángulo, triángulo, círculo; triángulo, triángulo, círculo; triángulo… Bani solo miró el último símbolo y agarró un cuadrado. El vagón respondió con un decepcionado buuup y la puerta siguió cerrada. Entonces Bani dijo toda la serie en voz alta y dio una palmada después de cada bloque: «dos triángulos y un círculo — pausa — dos triángulos y un círculo». Faltaban otro triángulo y después un círculo. La puerta se abrió. A veces una secuencia se vuelve visible solo cuando encuentras el trocito pequeño que se repite.

Bani y el tren de los patrones — Ilustración 3

El vagón musical no tenía dibujos. Solo un tambor y suelo de madera. Un altavoz marcó palma-palma-pisotón, palma-palma-pisotón, palma-palma… Bani pasó un momento buscando algo que dibujar y luego dio un pisotón. El tren avanzó. Grulla probó otro: suave-fuerte-fuerte, suave-fuerte-fuerte. «¿Entonces hay patrones invisibles?» «Y no comestibles», añadió Grulla, porque Bani estaba examinando las rayas de una galleta. Bani se rio y empezó a notar repeticiones en las ruedas, en las luces de señal y hasta en las ventanas de las casas.

Bani y el tren de los patrones — Ilustración 4

Antes del puente aparecieron postes con números: 2, 4, 6, ?, 10. Bani dijo ocho enseguida, pero Grulla no dio la salida. «¿Cómo lo sabes?» Bani estuvo a punto de responder «porque sí», pero el puente seguía esperando. Entre cada número se sumaban dos. Comprobó un paso más: después de ocho debía venir diez. El puente se iluminó a rayas y tocó una pequeña fanfarria. Bani descubrió que una respuesta se vuelve más fuerte cuando puedes explicar cómo funciona. Y aquel puente, por lo visto, era muy aficionado a las explicaciones.

Bani y el tren de los patrones — Ilustración 5

Después del puente, la Flecha Falsa intentó engañarlos con una serie casi perfecta: estrella, luna, estrella, luna, estrella, sol. «¿Veis? ¡Un patrón impecable!» Bani casi aceptó, pero el sexto símbolo rompía el ritmo. Cambió el sol por luna. «¿Y si la regla debía cambiar?» preguntó la flecha. «Entonces necesitamos alguna pista de que ha cambiado», contestó Bani. Grulla levantó un ala, satisfecho. Una pauta no solo sirve para adivinar lo siguiente; también ayuda a descubrir el punto exacto donde algo deja de seguir la regla.

Bani y el tren de los patrones — Ilustración 6

En el último túnel se apagaron las luces y apareció un mensaje: INVENTAD UN PATRÓN QUE OTROS PUEDAN CONTINUAR. Bani colocó siete colores favoritos al azar. No pasó nada. Entonces eligió tres: amarillo, menta y coral, y los repitió dos veces. Grulla tapó una baldosa con el sombrero. Los pasajeros dijeron enseguida qué color faltaba. «Entonces la regla la entiende alguien más que yo». El túnel se encendió con las mismas tres franjas, como si el tren se hubiera puesto una bufanda de fiesta.

Bani y el tren de los patrones — Ilustración 7

Al salir del túnel, el mundo parecía lleno de patrones. Los postes iban alto-bajo-alto-bajo. Las ventanas de la estación: redonda-redonda-cuadrada. Las ruedas marcaban un ritmo constante. Incluso Grulla hacía siempre lo mismo antes de salir: silbato, ala arriba, dos pasos atrás. «¿Tú también eres un patrón?» «Solo antes de comer», respondió el revisor con mucha seriedad. Bani se rio tanto que casi se pasa de parada.

Bani y el tren de los patrones — Ilustración 8

Al atardecer el tren llegó al andén principal a la hora exacta. Grulla perforó para Bani un billete con círculo-cuadrado-círculo. «Cuando una serie parezca un acertijo, busca lo que se repite, nombra la regla y pruébala un paso más». Bani guardó el billete y decidió que aquello sonaba demasiado a instrucciones. Prefirió su explicación: «Un patrón es cuando el mundo dice bajito: esto ya lo he hecho antes, ¿adivinas qué haré después?». Desde entonces veía patrones donde antes solo veía cosas bonitas.